martes, 30 de abril de 2013

El plan misericordioso del Señor
Leer | 2 PEDRO 3.9

En el Nuevo Testamento, vemos que el llamado de Dios a la salvación a toda la humanidad se repite varias veces (Jn 1.12; 3.16; 6.40; 2 P 3.9). Pero cada uno de nosotros tiene que tomar la decisión personal de responderle o no.
Dios quiere que la humanidad sea salva, por varias razones. Primero, porque Él nos ama (Ef 2.4). Nos ama porque es parte de su naturaleza amar y cuidar a su creación, y no por ningún mérito de nuestra parte. Segundo, porque su gracia se ve claramente en sus seguidores (v. 7). Creyentes que una vez fueron rebeldes, son ahora siervos obedientes —tal trasformación Él la quiere festejar por toda la eternidad. Además, nuestras buenas obras glorifican al Señor (Mt 5.16). Todo lo que hacemos en su nombre, ayuda a que otros lo conozcan.
La salvación solamente es posible por medio de Cristo, quien reconcilia a los pecadores con un Dios santo. Isaías 53.6 dice que todos somos pecadores, y Romanos 6.23 añade: “La paga del pecado es muerte”. Sin una solución divina, estaríamos endeudados y sin esperanzas. Pero la muerte del Salvador en la cruz a favor de toda la humanidad pagó la pena, y por eso cualquier persona puede tener una relación con el Padre celestial. Creer que Cristo murió por nuestros pecados y someternos a la voluntad del Señor, es todo lo que necesitamos para iniciar un compañerismo eterno con Él.
Nuestro Padre celestial nos ama, y quiere estar con nosotros para siempre. Lo único capaz de separarnos de Él es la decisión de rechazar su invitación. Una vez que recibimos a su Hijo como Salvador, pertenecemos a Dios, y ningún defecto en nuestro carácter podrá destruir nuestra eterna relación con Él.

lunes, 29 de abril de 2013

Devocional 29 de abril

Victoria en los altibajos de la vida
Leer | FILIPENSES 4.10-13

¿Ha escuchado usted alguna vez el testimonio de un creyente que experimentó una tragedia terrible? Tendemos a estar muy atentos a esos relatos, porque la persona involucrada ha sido testigo de primera mano de la fidelidad y el poder de Dios de restaurar una vida golpeada.
De todos los testigos de la gracia de Dios en tiempos de dificultades, ninguno es más impresionante que el apóstol Pablo. Él supo lo que eran los sufrimientos. Durante todo su ministerio fue perseguido, golpeado, apedreado, arrestado, sufrió naufragios y fue acusado de herejía tanto por los líderes judíos como por el gobierno romano. Todo esto contrastó inmensamente con su pasado, en el que disfrutó de los lujos y las oportunidades que le dieron su ciudadanía romana y su educación en el judaísmo.
En la vida de Pablo hubo altibajos increíbles. Como resultado, se ganó el derecho de proclamar lo que dice Filipenses 4.12: “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia”.
¿Qué lección aprendió el apóstol como resultado de estas experiencias? Él nos dice en el versículo 12: “En todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad”.
El “secreto” de Pablo no es un secreto en absoluto, porque él revela la fuente de su fortaleza en el versículo que sigue: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. La fe en Jesucristo y una dependencia cada vez mayor de Él, harán que esta fuente de poder ilimitado sea una realidad en la vida de usted.

jueves, 25 de abril de 2013

Devocional 25 de abril

Perdonar o culpar
Leer | COLOSENSES 3.12-17

Decir: “La culpa no es mía”, es una actitud generalizada hoy día. Para evitar la responsabilidad por sus actos, las personas culpan a otros: “No le gritaría tanto a mis hijos, si mi madre me hubiera amado más”, o “No hablaría mal de mi jefe, si él me demostrara respeto”. El resentimiento crece hasta que la víctima se ciega a todo, menos a cómo su vida ha sido afectada por las acciones de otra persona. Entonces culpar a otros es fácil. Pero Dios nos manda perdonar a quienes nos hieran.
El Padre nuestro menciona varias de las responsabilidades de Dios para con nosotros, pero solo una de los creyentes: perdonar a los deudores (Mt 6.12). La alusión a la deuda describe bien al pecado. Una persona que ha sido agraviada, siente usualmente que la parte responsable le debe una disculpa o desagravio. Pero al mostrar misericordia a alguien que ha pecado, usted pone un sello de “cancelado totalmente” a su deuda. Ya no se requiere ninguna compensación o retribución.
A veces, nuestras heridas son tan profundas que el perdón no viene fácilmente. Recuerde que Jesús lleva las cicatrices de los pecados de otros, también, y que su Espíritu Santo capacita a los creyentes para cumplir con esta difícil tarea. Aunque es posible que su deudor no haya hecho nada para merecer misericordia, decida dársela de todos modos, así como Jesús la tuvo con usted.
Cuando Dios perdona, nunca más se acuerda de nuestros pecados (Jer 31.34). Esto no significa que ellos nunca ocurrieron, sino que el Señor se niega a utilizarlos como una razón para castigarnos. Él estableció el patrón en cuanto a la eliminación de la deuda, y nosotros debemos seguir su ejemplo (Mt 6.15).

miércoles, 24 de abril de 2013

QUÉ ES ALABAR Y ADORAR A DIOS


DIFERENCIA ENTRE LA ALABANZA Y LA ADORACIÓN A DIOS

Aunque alabar y adorar a Dios es algo maravilloso y sublime, también es una experiencia viva. Es algo muy real y palpable, que todos podemos experimentar y que no está vedado para nadie.
          Muchos han hablado y escrito acerca de la alabanza y la adoración. Mas, quisiera compartir en este primer artículo de esta serie, algunos aspectos que considero importantes, en cuanto a lo que significa alabar y adorar a Dios; así como la diferencia entre ambos conceptos.
          Este es un tema amplio y profundo, que resulta a veces algo difícil ponerlo en palabras, Quizás no alcancemos a captarlo en toda su magnitud (valiéndonos tan solo de nuestro intelecto humano). Más bien es algo que cada quien debe experimentarpersonalmente con el Señor, convirtiéndose en una realidad en su vida, para poder adentrarse en la belleza y maravillas de alabarle y adorarle, como dice su palabra, “en espíritu y en verdad” (Juan 4:23,24).
          Solo quien lo vive ha de comprenderlo, pues no se trata de captarlo nada más que con la mente. También hay que entenderlo y vivirlo con el corazón, el alma y el espíritu. Con toda razón dijo el apóstol Pablo:
"Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente."
1 Corintios 2:14
          Aún así, quisiera que, dentro de nuestras humanas limitaciones, meditáramos un poco acerca de lo que implica alabar y adorar a Dios.

QUÉ ES ALABAR Y ADORAR A DIOS
          ¿Es lo mismo alabar a Dios que adorar a Dios? Bueno, muchas veces en nuestro diario hablar tendemos a utilizar indistintamente estos términos. Aunque ambas cosas implican rendirle tributo, exaltación, honor, veneración y gloria a Dios; podría decirse que existe una delgada línea que diferencia ambos conceptos.
          Contrario a ciertos esquemas de antaño, la alabanza no se refiere a los cantos rápidos y la adoración, a los cantos lentos. Tampoco, la alabanza y la adoración a Dios tienen que ver, siempre y necesariamente, con la música o el canto. Hay en ello mucho, pero mucho más que eso. Existe una riqueza inmensa cuando nos adentramos a alabar y adorar a nuestro Dios.


1. LA ALABANZA:
          La alabanza a Dios es, principalmente, un acto de gratitud por todo lo que Dios hace, pero más aún, porque él es digno de ella. Alabar a Dios implica un acto de reconocimiento de su grandeza y señorío, así como de lo excelso, único, admirable y grandioso que es él.
          Al alabarle, proclamamos sus poderosos hechos, sus maravillas, su grandeza, su poder y su gloria. Le ensalzamos, enaltecemos, honramos, glorificamos y exaltamos conadmiración y gratitud; recordamos victorias pasadas y declaramos triunfos futuros.
          Cuando le alabamos,declaramos también lo que dice su Palabra acerca de él mismo: lo grande,Todopoderoso, omnipotente, misericordioso, soberano, altísimo, benevolente y clemente que él es.
          Es decir, al alabarle le glorificamos por todo lo que él ha hecho, hace y hará con y por nosotros, y por toda su obra en el universo entero. Y nos gozamos con júbilo y gratitud en todo esto. Al alabarle, bendecimos a Dios por cómo es él y por lo que nos da y hace por nosotros.
          Los siguientes pasajes son un claro ejemplo de alabanzas directas a Dios, y le recomiendo leerlos:
          Ahora bien, si tan solamente alcanzamos este punto, de alabar a Dios, podremos experimentar gran gozo y bendición, pero posiblemente no habremos llegado al nivel de un encuentro profundo con el Señor en espíritu y en verdad, como él quiere y como está buscando que le adoremos.
          Esto no quiere decir que la alabanza a Dios sea superficial y carezca de profundidad. Claro que no. Lo que quiero decir es que es la alabanza es la puerta de entrada que nos conduce hacia aguas aún más profundas y hermosas con Dios: nos lleva a sumergirnos en las aguas de la adoración.
          La alabanza a Dios nos va llevando o abriendo el camino hacia un punto más profundo de encuentro con él, que es la adoración al Señor.



2. LA ADORACIÓN:
          La adoración Dios implica mucho más que alabarle. Es un encuentro profundo con el Señor, con su Persona Divina. A través de este encuentro personal podemos palpar Quién es él y tomamos conciencia de quiénes somos nosotros, junto a él; así como de nuestra inmensa pequeñez e insignificancia.
          Al venir ante Dios en adoración, ya no solo le exaltamos por todo lo que hace por nosotros y por todas sus maravillas y obras magníficas. Más allá de todo eso, la adoración implica exaltarle, engrandecerle POR QUIÈN ES ÉL.
          Por eso, tal confrontación con la majestad divina, estando ante él en adoración, hará que nuestra adoración esté enmarcada dentro de una actitud de reverencia. Pero al adorarle así, no le veremos solamente como el excelso, Altísimo y Todopoderoso; sinotambién nos lleva a verle como el Dios de amor, que es también nuestro Padre celestial.Por lo que la adoración nos une más a Dios.
          Además, la adoración a Dios implica un acto de humillación voluntaria y sometimiento al Señor, en donde nuestro ser entero lo rendimos ante él. Por eso, la adoración ha de ser entregada a Dios, en una actitud de humildad verdadera.
          Todos estos aspectos que, a grosso modo acabamos de mencionar, respecto a la adoración a Dios, merecen ser vistos con mayor detenimiento, pues encierran grandes y profundas verdades. Tener conciencia de las mismas, puede abrirnos mejor los ojos ante las grandezas y bendiciones del alabar y adorar a Dios.
          Por eso, te invito a ver los artículos de la siguiente lista, en los cuales estudiaremos en más detalle todo esto y mucho más. No dejes de leerlos, pues sé que te serán de bendición:
Adoración y reverencia
La adoración nos une más a Dios
La adoración es un acto de sumisión a Dios
¿Cómo llegar ante Dios en adoración? PARTE 1
¿Cómo llegar ante Dios en adoración? PARTE 2
¿Cómo será adorar a Dios eternamente? PARTE 1
¿Cómo será adorar a Dios eternamente? PARTE 2

Devocional 24 de abril

El poder del nombre de Jesús
Leer | JUAN 14.13


Orar en el nombre de Jesús declara tanto nuestra relación con Jesucristo, como nuestro derecho —por medio de Él— de darnos acceso al Padre celestial directamente. También expresa nuestra...
  • Autoridad para presentar peticiones a Dios. El Cristo glorificado está ahora sentado a la diestra del Padre, donde intercede por nosotros sirviendo como nuestro sumo sacerdote (He 7.25). Él nos ha dicho que vengamos y pidamos lo que necesitemos. Estas palabras nos dan la autorización para acceder al trono de la gracia en cualquier momento, para hablar personalmente con el Padre. A toda persona que ha recibido a Jesucristo como su Salvador, el Señor le ha concedido el derecho de usar su nombre.
  • Armonía con los propósitos de Dios. Basados en nuestra relación familiar con Jesús, tenemos acceso al Padre y podemos hacerle peticiones con la autoridad de Cristo. Pero, para usar el nombre del Salvador, tenemos también que estar de acuerdo con los propósitos de Dios. Orar en el nombre de Jesús significa que estamos pidiendo en conformidad con su carácter y su voluntad. Como siervos de Dios, nuestra prioridad absoluta debe ser obedecer al Señor y su voluntad, no la nuestra.
  • Seguridad de una respuesta. “En el nombre de Jesús” es una frase de confianza. Es una confesión de certidumbre de que nuestras oraciones serán respondidas.
Dios no quiere que usted ore mecánicamente. Por tanto, cuando ore “en el nombre de Jesús” recuerde que esas cinco palabras no son una fórmula. Por el contrario, permita que sean un poderoso recordatorio de que usted pertenece a Él y del privilegio que tiene de estar involucrado en su obra.

martes, 23 de abril de 2013

Devocional 23 abril

Orar en el nombre de Jesús
Leer | JUAN 16.19-33
Poco antes de su crucifixión, Jesús dijo a sus seguidores que oraran en su nombre; en otras palabras, que pidieran conforme a su voluntad. Señaló que la oración hecha así tiene poder: “Así el Padre les dará todo lo que pidan en mi nombre” (Jn 15.16 NVI). La oración en el nombre de Cristo significa que estamos declarando que tenemos…
  • Asociación con el Salvador. Lo que hace posible que nos acerquemos a Dios mediante la oración, es nuestra relación con Jesús. Cuando fuimos salvos, pasamos de ser extraños y extranjeros, a hijos de Dios (Ef 2.19). Nuestro Creador se ha convertido en nuestro Padre celestial; y Él escucha nuestras peticiones porque hemos pasado a ser miembros de su familia por la obra redentora de su Hijo. La presencia del Espíritu de Cristo demuestra que somos suyos.
Acceso al Padre celestial. La muerte de Jesús nos abrió el camino para tener entrada inmediata a la presencia del Padre. Cuando Jesús consumó su obra al hacer el sacrificio sacerdotal final (He 10.14), el velo del templo, que impedía al hombre penetrar en el Lugar Santísimo, se rasgó en dos (Mr 15.38). Esto simbolizó la verdad espiritual de que ahora todos los que creen en Dios tienen acceso a Él. Por medio del Espíritu Santo, tenemos el derecho de hablar con Dios directamente, sin ningún intermediario humano (Ef 2.18).
Jesucristo pagó en su totalidad el castigo por nuestros pecados al morir en la cruz. El aceptar su muerte expiatoria a favor nuestro, significa que tenemos ahora una nueva relación familiar y libre acceso al Padre celestial. ¡Detengámonos ya, y demos gracias a Dios por el increíble privilegio de la oración!

lunes, 22 de abril de 2013

Devocional 22 de abril

Obedecer a Dios
Leer | JEREMÍAS 9.23, 24
Pedro era pescador profesional; sabía cómo interpretar las condiciones del tiempo, dónde encontrar los mejores lugares para pescar, y cuándo dejar de hacerlo. Por su capacidad, pudo haber cuestionado sin decir nada la sensatez del mandato de Jesús. ¿Por qué echar las redes, si un experimentado equipo de pescadores no había atrapado nada durante toda la noche?A veces, Dios les pide a sus hijos que actúen de maneras que pueden no parecer lógicas. Su petición puede implicar dejar un empleo o un ministerio que Él acababa de proveer, para que tome responsabilidades mayores cuando la vida ya es suficientemente difícil, o aceptar una tarea que parece más indicada para alguien con otras capacidades. Quizás el plan de Dios no tenga sentido en vista de la edad, la situación económica o la salud. Sin embargo, por ser Dios quien lo pide, será absolutamente correcto hacerlo. Tenemos que decidir si vamos a hacer lo que es prudente según el criterio humano, u obedecer a Dios.La Biblia habla de muchas personas que tuvieron que tomar una decisión. A Noé se le dijo que construyera un arca porque vendría un diluvio. A Josué se le dio la estrategia militar de marchar alrededor de Jericó, en vez de atacar la ciudad. A Gedeón, el guerrero sin experiencia, se le dijo que mandara a sus casas a la mayoría de sus hombres antes de una batalla (Jue 7.2, 3).No cometa usted el error de dejar que la lógica humana le dicte si debe seguir o no el plan de Dios. Confíe en Él, como lo hicieron Pedro y otros creyentes fieles. Cuando decidieron obedecer lo que el Señor les dijo, todos experimentaron al poder divino liberado en beneficio de ellos.